WES CRAVEN | Adiós a un maestro del terror moderno

Wes Craven

Siempre es una pena tener que estrenar la temporada con un homenaje póstumo. Es la segunda vez seguida que nos vemos en esta situación. Sin embargo, sería irrespetuoso no manifestar la admiración que (si el resto de colegas de la asociación me permiten) tenemos por Wes Craven.
No sería la primera vez que aparece anunciado en los carteles de Salf, y es que ver cómo explota la cabeza de Anne Ramsey en Amiga Mortal (1986) nos da gustirrinín en las tripas.

A este maestro del terror no le gustaba la palabra artista argumentándose en que no es algo inteligente de llamarse, que ante todo el cine es una es una industria. Prefería decir que era cineasta, su oficio era el de hacer películas y presentárselas a un público sin prejuicios dispuesto a verlas. Creo que se puede decir que Wes Craven, además de cineasta, puede ser referido como un antropólogo a su manera.

Nunca dejó de investigar la forma en la que los individuos y sociedades se sostenían sin desplomarse llegando a la conclusión de que la vida funciona a base de violencia y miedo mundo irracional. Esta tesis tiene como ejemplo más evidente Pesadilla en Elm Street (1984) donde Freddy Krueger rompe la frontera que separa los sueños de la realidad haciendo que la vida de los protagonistas sea una verdadera pesadilla. No obstante, también se pueden encontrar encontrar evidencias del pensamiento de Craven en muchas de sus trabajos como Las colinas tienen ojos (1977), La serpiente y el arco iris (1988) o El sótano del miedo (1991). Cabe mencionar, además, La nueva pesadilla de Wes Craven (1994) donde el propio Craven como los actores de la película de 1984 sufren los efectos de la creación del cineasta (fórmula similar que repetiría en Scream 3 seis años después).

Afortunadamente, Wes Craven seguirá indagando nuestros miedos en sus obras. Freddy Krueger y Ghostface son ya iconos sinónimos del terror que nos acompañarán hasta el fin de los tiempos. Gracias, Wes, por animarnos a ver que hay más allá.